Foto: Lucas Pérez (@gargoglas) Crónica: Lucas Pérez
Este pasado 24 de septiembre, a las 23:00 en A Casa das Crechas se dio una masterclass de música que no se puede comparar. Como dijo el propio David Regueiro, una formación que no se puede dar todos los días: Thomas Kretchmar, Gonçalo Mendoça y Juyma Estévez (y el próprio David Regueiro). Esto, se debe a la diversa procedencia de los integrantes; David Regueiro nos acompaña a menudo em las “manouche jam sessions”, y en sus propios conciertos o con otros integrantes, mas Kretchmar procede de Francia, y el próprio Mendoça de Portugal, hecho que hace que este espectáculo sea aún más exclusivo y emocionante.

Uno de los factores que hace que suene tan bien la música que improvisan en directo es la capacidad musical que tiene cada músico y rango de ideas que poseen. La creatividad no escatima, y consiguen complementarse con una química notable y sobre todo escucha, pues consiguen responderse los unos a los otros a través de sus instrumentos y se asemeja a una conversación acompasada. Quizá uno de los momentos culmen de la noche fue con “Swing 1918”, una de las canciones que, como su propio nombre dice, más swing tuvo y que consiguió hipnotizar a los espectadores. Estos, fueron cambiando a lo largo del tiempo, pues los iniciales con su entrada comprada previamente fueron los que más disfrutaron y gozaron el sonido, pero fueron entrando cada vez más personas nuevas que quedaban embelesadas por esas dos guitarras, violín y contrabajo.
El más visual, y más expresivo era Kretchmar. Su virtuosismo y abanico mental de posibilidades hacía que él, y propiamente su violín, fuesen uno y se identificase casi como una extensión de sí mismo. Cada compás lo sentía consu propio corazón y conseguía hacérselo notar al público, que recibían sus notas, traducidas en sonidos, completamente engatusados.


Principalmente, tocaron temas de producción propia, y anunciaron su nuevo disco en camino. Públicamente lanzó una propuesta el anteriormente mencionado violinista de regrabar el tema de “Elsa”: estándar conocido entre el mundo del jazz que domina a sus oyentes, pero sobre todo comunicó la ansia que tenían en conjunto todos de volver a grabar algo juntos. Más que un concierto, se sentía una expresión de una amistad duradera que hizo que se juntasen para poder abrazarse a través de sus instrumentos y su música.
Nombrando algunas de las canciones que tocaron, además de las ya mencionadas, tenemos su “Bolero Desesperado”, o también el homónimo al templo donde tocarían: “Crechas Swing”, el cual gustó sobre todo por su ritmo animado y que hacía de una velada, una completamente amena y agradecida. Posteriormente, el público se allegaría a ellos para poder darle los agradecimientos tras un estruendoso aplauso que llovió como si fuese la caja de la batería ausente en el cuarteto. Puede ser que los aplausos fuesen el resultado de la ecuación: música en vivo + público emocionado, y que colmasen un concierto ejemplar e histórico, gracias a Maré Compostela.
