La tercera jornada del Revenidas 2026 arrancaba desde bien temprano en Vilaxoán, con La Duendeneta, Queen Rendi a las 11:30 h en el escenario Vibra Mahou, The Rapants a las 12:30 h en el Galicia Calidade y 9Louro a las 13:45 h, nuevamente en el escenario Vibra Mahou. Tres propuestas que teníamos ganas de disfrutar, pero que finalmente se quedaron pendientes. La maratoniana jornada del viernes, con una sucesión de conciertos que se prolongó hasta bien entrada la madrugada, terminó pasando factura y nos obligó a tomarnos un merecido descanso antes de regresar al recinto. Porque las ganas de seguir viviendo el Revenidas seguían intactas, pero, después de tantas horas de música, también tocaba recuperar fuerzas para afrontar con energía todo lo que aún nos esperaba por delante en este último gran día de festival.

Nuestra jornada del sábado comenzó a las 14:50 h en el escenario Galicia Calidade con Fillas de Cassandra. El dúo integrado por María Soa y Sara Faro llegaba a Vilaxoán para dar protagonismo en directo a Tertúlia, su ambicioso segundo trabajo discográfico, publicado en la primavera de 2026. Un álbum con el que ambas artistas continúan desarrollando un lenguaje musical propio, en el que las raíces de la tradición oral gallega se entrelazan con ritmos electrónicos y sonidos contemporáneos sin perder la esencia que las caracteriza.
Uno de los aspectos más destacados fue la notable afluencia de público que se congregó frente al escenario a pesar de tratarse de una hora poco habitual para reunir a tantos asistentes en un festival. Una respuesta que dejó patente el interés que despierta el proyecto y que permitió a María y Sara encontrarse con una audiencia numerosa y fiel.

Sobre las tablas, la propuesta volvió a distinguirse por una puesta en escena minuciosamente trabajada, con una dirección artística en la que el movimiento y la expresividad corporal desempeñan un papel fundamental. Las coreografías, cargadas de simbolismo, ganaron protagonismo en un espectáculo que apuesta por una interpretación más física y envolvente. La combinación de voces, instrumentación tradicional y bases electrónicas dibujó un recorrido sonoro que evidencia la evolución del proyecto y la personalidad con la que ambas artistas se han abierto camino dentro de la música gallega.
Pero no todo iba a ser intensidad artística. Con las temperaturas apretando durante la tarde, las dos integrantes decidieron combatir el calor de una forma bastante más refrescante: pistolas de agua en mano, repartieron chorros entre los asistentes desde el escenario, provocando sonrisas y añadiendo un toque lúdico a una actuación que sirvió para inaugurar nuestra jornada. Una muestra más de cómo Fillas de Cassandra combina identidad, discurso y espectáculo en una propuesta que continúa ganando terreno dentro del panorama musical gallego.

A las 16:00 h nos desplazamos hasta el escenario Vibra Mahou para disfrutar de Tapa D’Orella, el dúo gallego formado a principios de año por Pappaquino, Joaquín Limia, natural de Verín, y Willow GHZ, nombre artístico de Darío Burgos, originario de As Neves. Una formación de reciente creación que ha irrumpido con fuerza gracias a una propuesta desenfadada, festiva y reivindicativa, dispuesta a convertir cada concierto en una celebración colectiva sin renunciar al mensaje.
Su receta combina música urbana, electrónica, cumbia, ska y otros ritmos asociados a la verbena popular, todo ello acompañado de letras cargadas de humor, frescura y una clara apuesta por el gallego. No es casualidad que definan sus canciones como «raciones musicales»: piezas directas, concebidas para poner al público en movimiento y demostrar que la fiesta también puede ser una herramienta para reivindicar la lengua y la cultura propias.

Durante su paso por Revenidas fueron cayendo temas como «O menos malo», «Punto de mira», «Festa Maior» y «As Rodas Lambidas», muestras de una fórmula que encuentra en la mezcla de estilos y en su espíritu combativo sus principales señas de identidad. Con una propuesta tan bailable como irreverente, Tapa D’Orella dejó constancia del potencial de un proyecto que, pese a su corta trayectoria, ya apunta maneras para convertirse en uno de los nombres a seguir dentro de la nueva escena musical gallega.
A las 17:10 h regresamos al escenario Galicia Calidade para encontrarnos con Malifeta, el proyecto encabezado por Arnau Giménez, antiguo integrante de Zoo, y Mireia Matoses, exmiembro de Pupil·les, que llegó a Revenidas para presentar las canciones de Brega, su segundo trabajo discográfico. Una propuesta que ha evolucionado notablemente desde sus inicios y que en esta nueva etapa ha dado el salto a un formato de siete músicos sobre el escenario, ganando en contundencia y posibilidades expresivas.

El crecimiento de Malifeta se hizo evidente en un directo que combina instrumentación orgánica con bases electrónicas contundentes, transitando con naturalidad entre el rap, el funk sintético, el pop y ritmos festivos como la cumbia. Al frente, Mireia Matoses y Ana Rajadel se adueñaron del escenario con una presencia arrolladora, un magnetismo difícil de ignorar y una potencia vocal que convirtió cada intervención en una auténtica descarga de energía. Arnau Giménez aportó el contrapunto perfecto, mientras que los arreglos de la sección de vientos contribuyeron a dar cuerpo y profundidad a un sonido que gana enteros en su formato actual.
La actuación también dejó espacio para el contenido de unas letras que combinan ironía, experiencias personales y una marcada crítica social y política. Esa mezcla de reivindicación y celebración, de mensaje y baile, encaja especialmente bien en el espíritu de un festival como Revenidas. Con una formación ampliada y un directo que multiplica la fuerza de sus composiciones, Malifeta demostró que tiene argumentos de sobra para seguir creciendo y hacerse un hueco cada vez más visible en la escena musical.

A las 18:10 h, el escenario Vibra Mahou recibió a Maloa Brothers, el trío bilbaíno integrado por Julio Maloa, Alain y Aitor, que aterrizó en Revenidas con una propuesta marcada por la energía, el mestizaje sonoro y una actitud que invita a no quedarse quieto ni un segundo. Julio Maloa, conocido por su trayectoria al frente de La Raíz y Nativa, lidera una formación compacta en la que Alain, a los teclados y la guitarra, y Aitor, a la batería, construyen el soporte perfecto para un directo dinámico y lleno de matices.
Su música se mueve con soltura entre el hip-hop, el reggae, el funk y el soul, en una combinación que refleja su carácter multicultural y que también se manifiesta en unas letras que transitan por diferentes idiomas, entre ellos el euskera, el castellano, el portugués y el valenciano. Una diversidad que no funciona como un simple adorno, sino que forma parte de la personalidad de un proyecto capaz de enlazar estilos y registros con naturalidad, manteniendo siempre el pulso festivo.

Canciones como «Pura Vida», «Balas de cristal» y «Cuando Caiga La Noche» contribuyeron a mantener la intensidad de una actuación que alternó crítica, melodía y ritmos contagiosos, con el público acompañando la propuesta entre saltos y voces. Uno de los momentos más especiales llegó con la aparición de Anxo, vocalista de Dakidarría, para colaborar en «Teimuda», un encuentro que añadió un componente inesperado al concierto y reforzó esa conexión entre artistas que tan bien encaja en el espíritu de Revenidas.
Maloa Brothers dejó así una buena dosis de energía sobre el escenario Vibra Mahou, demostrando que su mezcla de influencias y su formato directo tienen suficientes argumentos para convertir cada actuación en una celebración sin fronteras estilísticas.

A las 19:40 h El Drogas tomaba el escenario Galicia Calidade, con el puerto de Vilaxoán como escenario y miles de personas dispuestas a reencontrarse con canciones que forman parte de la historia del rock de este país. Enrique Villarreal no necesitó grandes artificios para meterse al público en el bolsillo: bastón en mano, pendiente de las primeras filas y con esa manera tan suya de moverse sobre las tablas, fue construyendo un concierto de los que se disfrutan de principio a fin.
El repertorio fue un viaje por distintas etapas de su trayectoria, con el legado de Barricada muy presente, pero sin dejar de lado otras facetas de su carrera. «Esta es una noche de Rock & Roll», «Tentando a la suerte» y «Oveja negra» fueron algunas de las canciones que nos llevaron directamente a ese rock que nunca ha necesitado demasiados adornos para funcionar. También hubo espacio para «Frío», el tema de Alarma!!!, y para comprobar que el paso de los años no ha conseguido restar fuerza a unas canciones que siguen encontrando su sitio en cualquier escenario.

Pero si hubo un momento en el que el concierto se convirtió en algo más que una sucesión de grandes temas, fue al final con «En Blanco y Negro». Mirar alrededor y ver a miles de personas cantando a pleno pulmón en medio del puerto, con el mar a pocos metros, fue una de esas imágenes que se quedan grabadas después de un festival. No hacía falta mirar hacia el escenario para saber que todo el mundo estaba dentro de la canción. «Azulejo Frío» había añadido antes otro de esos momentos que se viven con especial intensidad, con el público respondiendo y acompañando cada verso.
A su lado, Txus Maraví a la guitarra, Eugenio Aristu «Flako» al bajo y Nahia Ojeta a la batería formaron un bloque sólido, con el sonido contundente que pide este repertorio. Mientras tanto, El Drogas no parecía dispuesto a conformarse con cumplir el expediente: recorrió el escenario, buscó continuamente la complicidad de la gente y hasta se encaramó a los bafles, dejando claro que todavía tiene ganas de dar guerra. Y eso se nota, se transmite y se siente en la piel. No es lo mismo escuchar estas canciones en casa que encontrarse en medio de una multitud que las canta como si las hubiera estado esperando todo el día.

A las 21:30 h nos desplazamos hasta el escenario Vibra Mahou para encontrarnos con Kumbia Queers, quinteto argentino procedente de Buenos Aires que lleva cerca de dos décadas fusionando cumbia y punk con una personalidad tan irreverente como reconocible. Su propuesta, bautizada como «Tropi-Punk», mezcla ritmos afrocaribeños, melodías bailables, guitarras eléctricas afiladas y la actitud combativa del queercore, una combinación que sobre el papel puede parecer insólita, pero que en directo cobra todo el sentido.
Juana Chang (voz, charango y maracas) lideró la actuación junto a Pat Pietrafiesa (bajo y coros), Pila Zombie (guitarras, teclados y coros), Flor Linyera (teclados y sintetizadores) e Inés Laurencena (batería y percusión). El repertorio alternó canciones de sus casi veinte años de trayectoria con temas recientes y versiones, recorriendo las distintas caras de un proyecto que ha hecho de la libertad expresiva y la mezcla de estilos sus principales señas de identidad.
Personalmente, nos gustó encontrarnos con una propuesta diferente dentro de la programación de la jornada. Kumbia Queers tiene esa capacidad de sorprender sin renunciar a la diversión, de llevarte del baile a la descarga guitarrera en cuestión de segundos y de demostrar que no hace falta encajar en ninguna etiqueta para tener un sonido propio. Su paso por Revenidas fue una invitación a dejarse llevar, bailar sin complejos y disfrutar de una banda que lleva casi veinte años haciendo las cosas a su manera.

A las 22:30 h, el escenario Galicia Calidade recibió a La Gossa Sorda en una de las citas más especiales de esta edición de Revenidas. La banda valenciana regresaba a los escenarios con la gira A Tornallom tras casi diez años de ausencia y Vilaxoán era la única parada gallega de un recorrido concebido como despedida definitiva. No era, por tanto, una actuación más: era una oportunidad para reencontrarse con un grupo que ha dejado huella en la escena valenciana y que volvía dispuesto a despedirse por todo lo alto.
Desde los primeros compases, las primeras filas se transformaron en un hervidero de saltos, empujones y voces que acompañaban cada canción. La fórmula de La Gossa Sorda volvió a funcionar con esa mezcla tan característica de ska, punk-rock y música tradicional valenciana, en la que la dolçaina y los vientos tienen tanto protagonismo como las guitarras eléctricas. La alternancia vocal de Josep Nadal y Pere Àlvaro terminó de dar forma a un directo que combinó melodía, rabia y un ritmo que apenas concedía tregua.

Temas como «Camals Mullats», «Quina Calitja» y «Aire» fueron coreados a pleno pulmón por un público que no necesitaba entender cada palabra en valenciano para dejarse llevar por la energía de la banda. Uno de los momentos más celebrados llegó con «La Polseguera», que contó con la colaboración de Sés, mientras que Dakidarría se sumó a la fiesta durante «Camals Mullats», reforzando esa conexión entre artistas que tan bien encaja en el espíritu de Revenidas.
El concierto fue creciendo entre bailes, sudor y una sensación compartida de estar viviendo algo irrepetible. La despedida tomó un cariz especialmente emotivo con «Esbarzers», elegida para poner el broche a una noche que difícilmente podía dejar indiferente a quienes llevaban años esperando este regreso. La Gossa Sorda se marchó de Galicia dejando una mezcla de euforia y nostalgia, con la impresión de que el público de Vilaxoán había tenido el privilegio de formar parte de uno de los últimos capítulos de su historia.

Pasadas las 00:10 h, el escenario Vibra Mahou volvió a convertirse en una pista de baile con la llegada de Awakate. Los representantes de la «Murzia Tropikal» aterrizaban en Vilaxoán después de recorrer buena parte del país con su gira La Última Rave, dispuestos a cerrar el verano a base de mestizaje, sudor y una descarga musical sin demasiados momentos para recuperar el aliento.
La propuesta de la banda murciana es una auténtica batidora de estilos en la que conviven rap, reggae, ska, punk, electrónica, ritmos latinos y pinceladas del folclore del sureste peninsular. Las bases electrónicas se mezclan con los vientos en directo, dando forma a un sonido contundente que invita al baile y que pronto convirtió el espacio frente al escenario en una sucesión de saltos, pogos y mucho «joteo». Pero detrás de semejante despliegue festivo también hay espacio para la crítica social, el antifascismo, el orgullo de clase y la defensa de la cultura popular y la autogestión.

Uno de los aspectos que más nos llamó la atención fue la entrega física de la banda, que se vació sobre las tablas sin perder esa cercanía que también forma parte de su identidad. Y es que llegar hasta Galicia tampoco fue precisamente un paseo. Tras el concierto, Awakate compartió en sus redes sociales el desgaste del viaje y la satisfacción por la respuesta encontrada en Revenidas, resumida en una frase que lo decía todo: «Merecieron la pena esos 2000 km de furgoneta». Para ellos, Vilaxoán suponía el «último baile del verano», y el público respondió estando a la altura de la ocasión.

A la 01:10 h nos tocó volver al escenario Galicia Calidade para encontrarnos con Rebeliom do Inframundo, una de esas bandas que en directo no entienden de medias tintas. Los de Malpica y Vigo llegaban a Revenidas con Orgulho, su nuevo disco, y muchas ganas de demostrar que su rap sigue teniendo la capacidad de sacudir al público. Y vaya si lo hicieron. A esas horas de la madrugada, cuando las piernas ya empezaban a acusar tantas horas de festival, ellos se encargaron de recordarnos que todavía quedaba energía para rato.
Nervo fue uno de los grandes protagonistas sobre las tablas, moviéndose sin descanso y escupiendo las rimas con una intensidad que por momentos acercaba el concierto más a la descarga de una banda de hardcore que a una actuación de rap al uso. La velocidad del fraseo y la contundencia de las bases mantuvieron el listón muy alto, pero lo que realmente nos llamó la atención fue comprobar cómo el público respondía a cada golpe, cantando las letras y convirtiendo la zona frente al escenario en un continuo ir y venir de pogos y saltos.

Los temas de Orgulho tuvieron un peso especial en el repertorio, con ese discurso que reivindica la identidad gallega, la memoria histórica, la lengua y el orgullo de clase. No se trataba únicamente de montar una fiesta a base de graves y rimas rápidas: había un mensaje detrás, y la gente lo hacía suyo. «Vendetta» y el resto de los momentos más intensos encontraron a un público completamente metido en el concierto, de esos que no necesitan que les pidan que participen porque ya están dentro desde el primer momento.
Lo que más nos gusta de Rebeliom do Inframundo es precisamente esa combinación de rabia, técnica y compromiso, sin que el mensaje frene ni un segundo la potencia del directo. En Vilaxoán no hubo tiempo para acomodarse ni para quedarse mirando desde lejos. La banda apretó hasta el final y el público respondió con la misma intensidad. A la 01:10 h, con muchas horas de música ya a nuestras espaldas, Rebeliom consiguió que volviéramos a meternos de lleno en el festival. Y eso, a esas alturas de la noche, tiene bastante mérito.

A las 02:30 h, cuando el cansancio y el frío de la madrugada ya empezaban a pasar factura, nos acercamos al escenario Vibra Mahou para cerrar nuestra jornada con Taqbir. El cuarteto apareció entre humo y destellos estroboscópicos en blanco y negro, con los rostros ocultos y una puesta en escena austera que encajaba perfectamente con el carácter clandestino de la banda.
Desde el primer acorde, aquello fue una descarga de hardcore punk acelerado, guitarras afiladas y batería frenética. Canciones cortas, directas y sin tiempo para respirar, con Nao al frente y cantando en darija, el árabe marroquí. Sus letras abordan la opresión religiosa, el patriarcado y las restricciones sociales, convirtiendo cada tema en algo más que una simple explosión de ruido.

Entre canción y canción, Nao compartió algunas reflexiones de su experiencia personal con el público y dejó una frase que nos pareció especialmente significativa: «Soy demasiado occidental y punki para ser marroquí y demasiado marroquí para ser española, recibo por todos lados». Una manera muy directa de expresar ese conflicto de identidad que atraviesa su propuesta. Durante prácticamente toda la actuación mantuvo el rostro cubierto, al igual que sus compañeros, que preservan su anonimato por motivos de seguridad. Fue en la última canción cuando Nao decidió descubrir su rostro, un gesto que añadió un significado especial al cierre del concierto.
A pesar de la hora y de las muchas horas de festival que llevábamos encima, las primeras filas se llenaron de pogos y saltos. Nos gustó comprobar cómo la intensidad de Taqbir conseguía conectar con el público incluso sin necesidad de entender cada palabra. Terminamos así nuestra jornada del sábado con un concierto breve, contundente y diferente, de esos que no necesitan grandes artificios para dejarte pensando después del último acorde.

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Nuestra salida del recinto y del festival estuvo acompañada de la banda sonora de La Duendeneta, quienes de manera magistral (otra vez más) se encargaron de rellenar todos los silencios del festival, fueron los primeros en empezar el sábado y los últimos en irse, unos clásicos del Revenidas y los Festivales gallegos y quienes se han ganado a pulso a cerrar esta crónica y a los que seguramente volveremos a ver en una edición de 2027 que ya está tardando en llegar.