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Mala Gestión: canciones cotidianas, poca vergüenza y ganas de tocar

Hay bandas que tienen muy claro cómo quieren definirse. Y luego está Mala Gestión, que probablemente prefiera dejar unas cuantas puertas abiertas.

Se presentan como una banda de colegas que hace canciones sobre temas cotidianos y que disfruta explorando diferentes géneros musicales, aunque reconocen que el resultado no siempre sea precisamente exitoso. Eso sí, hay algo que nunca falta: muy poca vergüenza.

Con Mala Gestión llegamos a la tercera entrega de “Conoce a una Banda”, la sección de Fogar dos Festivais en la que queremos descubrir qué hay detrás de las bandas más allá de sus canciones: cómo comenzaron, qué escuchan, cómo viven los escenarios y qué música recomendarían a quienes están al otro lado.

Y en esta ocasión nos encontramos con una banda que parece tener bastante claro que tampoco hay que tomarse demasiado en serio eso de intentar explicar quién eres.

Mala Gestión nació cuando sus integrantes todavía estaban en el instituto. Querían tener una banda y, según cuentan, entre las razones para empezar estaban el aburrimiento y las ganas de construir una personalidad propia.

Mientras unos adolescentes encontraban su camino en el skate, los videojuegos o cualquier otra afición, ellos decidieron empezar a tocar.

Y de aquello que comenzó siendo cosa de chavales ha terminado saliendo una banda que sigue haciendo canciones, tocando y buscando nuevos escenarios.

El nombre también tiene su propia historia. Surgió a partir de un trabajo de clase realizado por Héctor, batería de la formación, que utilizó la tipografía de Metrovalencia para escribir malagestion. Antes de eso se llamaban High Noon, aunque parece que aquel nombre tenía una historia bastante más complicada detrás.

Preferimos quedarnos con Mala Gestión.

Si les pedimos tres palabras para definir su música, la respuesta es tan directa como esperábamos:

Mala. Pocha. Vacía.

Entre sus referencias aparecen nombres tan diferentes como Viagra Boys, Carolina Durante, Extremoduro, Idles, Wilco, Viva Belgrado, The Prodigy o The Cure.

Una mezcla suficientemente amplia como para explicar que Mala Gestión no parece demasiado interesada en encerrarse dentro de un género concreto.

Y cuando les preguntamos qué les diferencia del resto, vuelven a tirar de ironía. No creen tener nada especialmente diferente: hacen sus canciones, tocan sus propias 12 notas y respiran, comen y van al baño como cualquier otra banda.

Quizá precisamente ahí esté parte de su personalidad.

Si alguien todavía no conoce a Mala Gestión y solo pudiera escuchar una canción suya, la elección sería “Dios me tiro un Ducados Rubio”.

No solo porque sea una de sus canciones favoritas, sino porque fue la primera canción que hicieron y aquella con la que empezaron a sentirse realmente orgullosos de lo que estaban creando.

La recuerdan especialmente por su espontaneidad y por haber nacido cuando todavía eran muy jóvenes. Una canción que, muchos años después, continúa teniendo un significado especial para ellos.

Y eso explica también por qué la han elegido como carta de presentación: antes que representar una etapa concreta, representa el comienzo de todo.

¿Qué se puede encontrar alguien que todavía no haya visto a Mala Gestión en directo?

La respuesta es bastante sencilla: sus canciones, cuatro personas intentando pasarlo bien y la intención de que quienes están delante también lo hagan.

Entre sus conciertos más especiales está su paso por Canela Party, una cita que tenían especialmente marcada desde hacía tiempo y de la que se sienten orgullosos de haber formado parte.

Ahora el objetivo es bastante más sencillo: tocar mucho, girar todavía más y conseguir que su música llegue a quienes todavía no la conocen.

Por el momento no anuncian nuevos lanzamientos ni proyectos concretos, así que toca seguir atentos a sus próximos movimientos.

En nuestra pregunta habitual sobre qué artista deberíamos descubrir, Mala Gestión se sale del camino habitual y recomienda a Marco Castello.

Su propuesta: música disco tranquila en italiano, especialmente adecuada para esos momentos en los que uno quiere estar relajado, pero sin quedarse completamente desconectado.

Y si pudieran elegir a cualquier artista para compartir escenario, la respuesta cambia radicalmente de registro: Amyl and the Sniffers.

Eso sí que podría ser interesante.

La última respuesta de Mala Gestión quizá sea la que mejor resume su manera de entender la música.

Cuando les preguntamos qué les gustaría que alguien que acaba de descubrirlos se llevara de sus canciones, responden: Nada.

No creen que tenga demasiado sentido decidir de antemano qué debe sentir alguien al escuchar una canción. Para ellos, una de las funciones del arte es precisamente estimular la creatividad y permitir que sea quien recibe la obra quien construya su propia interpretación.

Así que no quieren decirte qué tienes que sentir escuchando Mala Gestión.

Solo una cosa:

Escúchalos, disfrútalos y saca tus propias conclusiones.

Y, por supuesto, hazlo sin demasiada vergüenza.