La última jornada del Festival da Luz 2026 arrancó a las 12:10 horas del domingo 30 de agosto en el escenario principal con la Banda de Música Cultural de Salceda, que regresaba por segundo año consecutivo al festival. La jornada comenzaba, además, con una clara mejoría meteorológica respecto a lo vivido el día anterior: la lluvia daba paso a un cálido sol que invitaba a disfrutar al aire libre de las primeras actuaciones y de la sesión vermú.
En esta ocasión, la formación de Salceda de Caselas apostó por una colaboración con las pandereteiras y el grupo de música tradicional Donicelas, dando forma a un espectáculo conjunto que convirtió la mañana dominical en una celebración de la música popular gallega.

Bajo la dirección de Jorge Macedo, ambas formaciones compartieron escenario en una propuesta que puso en valor el patrimonio musical gallego y que cosechó un gran éxito de público. Para hacer posible esta unión, se prepararon arreglos para banda de las piezas de Donicelas, permitiendo que las voces y los instrumentos de la tradición popular se fundiesen con la sonoridad de la formación de Salceda.
Con una historia que se remonta a 1892 y una trayectoria marcada por su compromiso con la cultura musical, la Banda Cultural de Salceda volvió a demostrar su capacidad para explorar nuevos caminos sin perder sus raíces. Una apertura que reivindicó la música hecha en Galicia y que encajó a la perfección con la identidad de un festival nacido para unir cultura, territorio y solidaridad.
Con el sol ya instalado sobre Boimorto, tocaba cambiar de registro y trasladarse al Escenario Cultivando Música, donde The Benturas tomaron el relevo entre las 13:00 y las 13:50 horas. El trío desplegó su particular cóctel incendiario de surf y rock and roll bastardo, una combinación de guitarras afiladas, ritmos contagiosos y una actitud desenfadada que conectó de inmediato con el público.

La banda, nacida en Madrid y actualmente afincada en A Coruña, lleva años construyendo un sonido propio a partir del surf, el rockabilly, el country y el blues. Una mezcla que ya se dejaba ver en Monta & Roll, su álbum de 2017, y que ha ido definiendo una personalidad musical que escapa de las etiquetas más convencionales
Su paso por el Festival da Luz sirvió también para poner en circulación las nuevas canciones de El Duelo, el trabajo discográfico que estaban preparando en esta nueva etapa. Entre ellas destacó «Vencer», primer sencillo de adelanto del álbum, publicado en abril de 2026 y que permitía tomar contacto con el rumbo de la banda antes de la llegada del disco
Durante sus cincuenta minutos de actuación, The Benturas consiguieron una gran conexión con el público, demostrando que su propuesta funciona especialmente bien sobre las tablas. Un concierto en el que el espíritu más salvaje del rock and roll encontró su espacio en una jornada que, bajo el cálido sol dominical, empezaba a coger ritmo.

A las 13:50 horas, el escenario principal Concertos do Xacobeo cambió las guitarras por los ritmos tropicales con la llegada de Ráfaga. La banda argentina convirtió Boimorto en una enorme pista de baile, reuniendo a miles de personas de distintas generaciones al ritmo de una cumbia que lleva décadas cruzando fronteras y conquistando públicos.
Con casi tres décadas de historia a sus espaldas, el repertorio fue una sucesión de canciones reconocibles, con himnos como «Mentirosa», «Una cerveza» y «Una ráfaga de amor», temas que demostraron su capacidad para despertar la memoria colectiva y animar a cantar y bailar a buena parte de los asistentes. La conexión con el público fue una de las claves de un concierto marcado por el carácter festivo y la energía de la formación.

La actuación gallega se enmarcaba en la gira internacional Camino a los 30 Aniversario, con la que Ráfaga recorrió escenarios de Europa y América en una etapa especialmente significativa de su trayectoria. El tour, anunciado en junio de 2026, incluía más de treinta actuaciones europeas y recuperaba los grandes éxitos de una banda que lleva desde los años noventa siendo uno de los nombres más reconocibles de la música tropical argentina.
La siguiente parada nos llevó al Escenario Interritmos, donde French Riviera actuó entre las 14:50 y las 15:40 horas. La banda se había incorporado al cartel en la última tanda de confirmaciones veraniegas gracias a la colaboración de la Fundación Paideia y Vibra Mahou, una iniciativa destinada a dar visibilidad e impulsar el talento emergente.

Detrás de French Riviera está David Fermoselle, saxofonista, teclista, compositor y productor gallego con experiencia en proyectos como Belöp y Villanueva. Al frente de esta aventura musical ha construido un universo sonoro que mira a la edad dorada de los ochenta, recuperando sintetizadores, saxofones, guitarras funk y ritmos disco para llevarlos a un terreno actual. Su álbum Caliente!, publicado en 2025, reúne buena parte de esa identidad retroelectrónica, con canciones como «Rías Baixas» y «Sábado Noite», en las que el gallego se incorpora con naturalidad a una propuesta pensada para bailar.
Durante su paso por Boimorto, la banda desplegó su enérgica mezcla de post-disco, pop electrónico y synth-pop, con el gallego como parte esencial de su personalidad. El Escenario Interritmos se transformó así en una pista de baile vespertina, demostrando que la música emergente gallega también puede mirar a la electrónica y a la cultura de club sin perder su identidad.

Mientras French Riviera convertía el Escenario Interritmos en una pista de baile electrónica, el Escenario Cultivando Música recibía a Ona Mafalda, que actuó en la misma franja horaria, de 14:50 a 15:40 horas. La cantante hispano-británica llegaba a Boimorto con la gira de Reset, su segundo álbum de estudio, publicado en octubre de 2025, con el que ha abierto una nueva etapa artística marcada por un sonido más crudo, eléctrico y directo.
Su directo estuvo dominado por las guitarras eléctricas y una enérgica combinación de rock alternativo y pop contemporáneo. Temas como «Harta» y «Anthem» destacaron dentro de una propuesta que reivindica la fuerza de las guitarras y una personalidad artística que bebe de referentes como Patti Smith, Blondie y Florence + The Machine, pero busca expresarse con voz propia. Reset funciona precisamente como una declaración de intenciones: dejar atrás los miedos, recuperar la esencia y empezar de nuevo sin renunciar a la propia identidad.

Sin embargo, uno de los momentos más especiales de su paso por el festival llegó cuando Ona Mafalda invitó a La Bien Querida a compartir escenario para interpretar juntas «Quiero». La colaboración, que pudo escucharse por primera vez en directo en Boimorto, terminó convirtiéndose en uno de los instantes más entrañables y aplaudidos del concierto. La canción se publicaría oficialmente en septiembre como adelanto del EP Todo en orden, prolongando más allá del festival el encuentro entre ambas artistas.
La tarde avanzaba y el Escenario Deputación da Coruña recibió, entre las 15:40 y las 16:30 horas, una de las descargas más contundentes de la jornada. Vimbio llegaba al Festival da Luz como una de las nuevas caras de la escena metal gallega, dispuesto a demostrar que el rap y las guitarras distorsionadas todavía tienen mucho que decir cuando se combinan con personalidad propia.

Al frente del proyecto está Álex Arnoso, conocido por su trayectoria en SonDaRúa, que comparte esta aventura con Jacobo Castro, David Pérez y Brais Lorenzo. Juntos recuperan la esencia del rap metal y el nu metal de finales de los noventa y principios de los dos mil, incorporando también elementos del punk y el hardcore. Una fórmula que remite a la contundencia de aquellos años, pero que encuentra una identidad propia en unas letras en gallego cargadas de retranca, crítica social y actitud inconformista.
El concierto fue una oportunidad para presentar en directo Comeza o xogo, su primer álbum de larga duración, publicado el 30 de enero de 2026. El disco reúne diez canciones autoproducidas y autoeditadas, con colaboraciones de los raperos Hugo Guezeta y Nadie González, y resume la intención de una banda que quiere devolver el protagonismo a los riffs contundentes y los flows sin freno dentro de la escena gallega.

Entre los temas destacados de su repertorio figuraban «Insisto», «Mayday» y «Eu non quero traballar». Esta última canción parte de una cantiga popular gallega a la que el grupo da una nueva vida mediante un tratamiento musical mucho más punk y descarado. Una muestra de cómo Vimbio combina la recuperación de elementos de la cultura popular con un sonido pesado y contemporáneo.
Con su mezcla de rabia, humor y potencia instrumental, Vimbio aportó al domingo una dosis de distorsión que contrastaba con el pop electrónico de los escenarios vecinos. Una propuesta que reivindica el metal en gallego y demuestra que la escena emergente también tiene espacio para los sonidos más duros y las guitarras sin complejos.

A las 16:40 horas, el Escenario Interritmos volvía a abrir sus puertas al talento emergente con Amaramar quien sumaba a Boimorto como otro de los puntos de presentación de su álbum «el mar». Liderados por un Enric Pellicer descalzo en el escenario y con un cambio en la batería para este concierto al no poder contar con Júlia de Lamas, con cada vez más seguidores en sus conciertos, Amaramar defendió una propuesta personal, construida sobre guitarras melódicas y letras íntimas, en un directo que apostó por la vertiente más emocional del rock alternativo con temas de su disco y guiños en forma de cover a Carolina Durante con «Hamburguesas» y Arde Bogotá con «Los Perros».
Al mismo tiempo Vangoura se presentaba en el escenario Cultivando Música y aprovechaba su paso por el Festival da Luz para continuar con una cargada gira veraniega por festivales de todo el país. El dúo madrileño formado por Miguel Figueras e Ignacio Alarcón llegaba a Boimorto con las canciones de Un viaje eterno, su tercer álbum de estudio, bajo el brazo, en un momento de crecimiento que desde 2022 les ha llevado a sumar actuaciones en salas y festivales.

Para trasladar al escenario el sonido de sus composiciones, los dos integrantes estuvieron acompañados por Nacho Vizcay, Julia Halcón y Jorge Henríquez Bermejo, presentándose en formato quinteto. Una formación que permitió desplegar con mayor amplitud los matices de sus canciones, con unas guitarras elegantes y enérgicas como protagonistas de una propuesta que se mueve entre el pop de estructuras clásicas y los arreglos más vanguardistas.
Durante el concierto sonaron temas de Un viaje eterno, entre ellos «primera clase» y «yo quisiera», sin dejar de mirar hacia atrás para recuperar canciones de su segundo trabajo, sangre y sal. El repertorio permitió recorrer distintas etapas del proyecto y mostrar la evolución de un grupo que ha ido construyendo su identidad a través de melodías reconocibles, guitarras cuidadas y una búsqueda constante de nuevos matices.
Al final del concierto muy bonito el detalle de atender a sus fans e incluso regalar unos simbólicos tickets de viaje a su concierto, un detalle que no todas las bandas tienen y que siempre es digno de aplaudir.

Aunque su papel habitual en el Festival da Luz es el de anfitriona e impulsora de esta cita rural y solidaria, una sustitución de última hora acabó llevando a Luz Casal por sorpresa al escenario principal Concertos do Xacobeo a las 17:30 h. La cancelación de Pablo Alborán, obligado a ausentarse por una neumonía, alteró la programación de la tarde del domingo y la artista no dudó en dar un paso al frente para asumir el protagonismo musical de una de las actuaciones más recordadas de esta edición.
Ante las miles de personas congregadas en Boimorto, Luz se tomó la situación con humor: «Yo creía que no iba a estar esta tarde en el escenario, pero como soy el comodín, valgo para todo». Y vaya si lo fue. Durante más de una hora, repasó temas de su último álbum «Me voy a permitir», así como también algunos de los grandes himnos de su trayectoria, coreados a pleno pulmón por un público entregado que respondió a canciones como «Un nuevo día brillará», «No me importa nada», «Loca» y «Rufino». También hubo espacio para la emoción con «Entre mis recuerdos», dedicada a la memoria de su padre.

Pero el momento más sobrecogedor llegó al final, cuando la explanada quedó sumida en un silencio absoluto para escuchar «Negra sombra». Luz Casal interpretó esta pieza cargada de simbolismo acompañada por Budiño, en una despedida que convirtió el escenario principal en un espacio de recogimiento antes de las ovaciones que pusieron el broche al concierto.
Antes de marcharse, la artista quiso agradecer al público su apoyo a la causa solidaria del festival, destinada a COGAMI, y dejó unas palabras que resumen el vínculo personal que mantiene con esta cita: «Gracias por ayudarnos para que este festival siga existiendo por lo menos hasta que yo viva. Además, ya lo dejaré atado y bien atado para que cuando yo no esté siga existiendo». Una declaración de intenciones que fue mucho más allá de la música: el compromiso de Luz con un festival que nació de su tierra y que quiere seguir creciendo, generación tras generación, sin perder su esencia solidaria.

A las 18:30 horas, La Bien Querida regresaba al Escenario Cultivando Música para presentar las canciones de LBQ, su octavo álbum de estudio, publicado en 2025. Tras explorar los ritmos latinos en Paprika, Ana Fernández-Villaverde recuperaba en este nuevo trabajo el sonido más cercano a sus orígenes, con arreglos más sencillos y una vuelta al indie que marcó sus primeros pasos. Un regreso a la esencia de un proyecto que, desde sus inicios en 2008, ha ido construyendo una identidad reconocible y una fiel comunidad de seguidores.
El público que se acercó al escenario acompañó a la artista durante un concierto en el que las nuevas composiciones convivieron con canciones que ya forman parte de su repertorio más celebrado. «Noche de bodas» y «Mundaka» permitieron descubrir distintas facetas de LBQ, un disco en el que la artista vuelve a poner el foco en las relaciones personales, los sentimientos y las pequeñas cosas de la vida. También sonó «Una Estrella», una de las canciones más personales del álbum, dedicada a su hija y concebida como una declaración de amor maternal.
La actuación también reservó espacio para recuperar algunos de los temas que han acompañado a La Bien Querida a lo largo de su trayectoria. «Los Jardines de Marzo» y «Muero de Amor» encontraron respuesta entre los seguidores, antes de que la versión de «¿Por qué te vas?», popularizada por Jeanette, aportase un cierre reconocible a un repertorio que combinó la nostalgia con esta nueva etapa creativa.

El escenario principal volvió a llenarse con la llegada de Puño Dragón, la banda asturiana que se ha ido haciendo un hueco en el circuito estatal gracias a un rock alternativo que combina guitarras contundentes, melodías pegadizas y letras capaces de moverse entre la ironía y la emoción. La formación, integrada por Rafa Tarsicio, Germán Mingote, Erik Iglesias y Manu Huertas, aterrizaba en Boimorto en plena gira de verano y a apenas un mes de publicar su tercer trabajo discográfico, A Palos, que vería la luz el 25 de septiembre de 2026.
Entre los adelantos de aquel álbum sonó «Todos los charcos», una de las canciones que anticipaban esta nueva etapa. Pero el concierto también miró hacia los dos trabajos anteriores, el debut homónimo y el celebrado Juegos Violentos, del que la banda ha seguido recogiendo frutos en los escenarios de todo el país. El público, que llenaba el espacio frente al escenario, respondió con entusiasmo a un repertorio que fue alternando novedades con temas ya asentados entre sus seguidores.

Canciones como «Agua de los cocos», «Échame a mí la culpa» —su particular versión del clásico popularizado por José Ángel Espinoza, «Ferrusquilla»— y «Bailén» fueron dando forma a una actuación en la que destacó especialmente la combinación vocal de Rafa Tarsicio y Germán Mingote. Las voces de ambos encajan con naturalidad y aportan matices a unas composiciones que crecen sobre el escenario gracias a la compenetración de toda la banda.
Puño Dragón fue ganándose al público hasta cerrar con «Agua de mayo», poniendo el broche a un concierto que dejó claro por qué el grupo se ha convertido en una de las propuestas más celebradas del rock nacional emergente. La contundencia instrumental, las melodías y esa química entre sus integrantes hicieron de su paso por el Festival da Luz una de las actuaciones más aplaudidas de la jornada.

Mientras Puño Dragón desplegaba su rock en el escenario principal, Mäbu ofrecía su concierto en el escenario Deputación da Coruña, coincidiendo en horario con la banda asturiana. El grupo llegaba al Festival da Luz inmerso en la gira de presentación de ä – El sonido de una tierra escondida, su sexto álbum de estudio, con el que continúa ampliando un universo musical propio sin perder la esencia que ha marcado su trayectoria.
La formación actual está integrada por María Blanco Uranga, voz y guitarra, y Txarlie Solano, responsable de la guitarra y los arreglos, junto a Susi Gamboa, que aporta una notable versatilidad instrumental desde la percusión. Tres músicos que funcionan como un engranaje bien ajustado y que construyen un directo en el que cada detalle tiene sentido, desde los arreglos hasta los cambios de intensidad que acompañan a las canciones.

La energía positiva y la conexión con el público fueron palpables durante una actuación que puso de manifiesto la capacidad de Mäbu para crecer sin renunciar a su personalidad. Su propuesta, cercana y llena de matices, se mueve entre el pop de autor, las atmósferas delicadas y los momentos de mayor intensidad, siempre con la voz de María Blanco como uno de sus principales elementos distintivos.
El concierto dejó la sensación de estar ante una banda que cuida cada pieza sin perder naturalidad, donde nada parece estar colocado al azar y cada instrumento encuentra su espacio. Una actuación medida al detalle, en la que Mäbu volvió a demostrar que su mejor baza sigue siendo esa combinación de música auténtica, cercanía y alma que le ha permitido construir una relación duradera con su público.

A las 20:20 horas, el Escenario Cultivando Música recibía a La Paloma, la banda madrileña que llegaba al Festival da Luz con las canciones de Un golpe de suerte, su segundo álbum de estudio, publicado en octubre de 2025. El disco supuso un paso adelante en la evolución del grupo, ampliando sus posibilidades sonoras sin renunciar a la energía de las guitarras y a las melodías directas que han definido su identidad desde sus primeros trabajos
Nico Yubero y Lucas Sierra, ambos a la guitarra, se fueron alternando el protagonismo vocal a lo largo del concierto, mientras Juan Rojo marcaba el ritmo desde la batería. A este trío se sumaron, como viene siendo habitual en la gira, Ade Martín al bajo, conocida también por su etapa en Hinds, y Diego García a la tercera guitarra. Una formación ampliada que ensanchó el sonido de La Paloma, añadiendo capas y matices a unas canciones que ganan fuerza cuando las guitarras se entrelazan y las voces se complementan.

El repertorio combinó nuevas composiciones como «Elegante», «Sale el sol» y «Sé lo que quiero» con temas que ya se han convertido en referencias para sus seguidores, entre ellos «Bravo Murillo», «Palos» y «Sigo aquí». Las canciones del nuevo álbum mostraron la evolución de una banda que ha ido afinando su sonido, apostando por una producción más elaborada sin perder la urgencia y la intensidad que caracterizan sus directos.
Con su combinación de guitarras, cambios de voz y una base rítmica sólida, La Paloma defendió en Boimorto una propuesta de rock en castellano que sigue creciendo sin perder el pulso. Una actuación que permitió comprobar cómo el grupo ha ampliado su sonido y su repertorio, manteniendo intacta esa energía que convierte sus canciones en una experiencia especialmente efectiva sobre el escenario.

A Banda da Loba fue una de las dos formaciones encargadas de poner el broche musical al Festival da Luz 2026, en este caso desde el bello escenario de madera Deputación da Coruña, que se llenó hasta completar toda su capacidad. La banda gallega llegaba a Boimorto prolongando la defensa de Lovismo, su álbum publicado en 2025 y finalista en la categoría de Mejor Álbum en Gallego de los Premios MIN 2026. Un trabajo en el que el grupo explora distintas formas de amor a través del pop, la bachata y la música disco, sin abandonar la inspiración literaria y el compromiso que han acompañado su trayectoria.
La formación, integrada íntegramente por mujeres, volvía a estar al completo con el regreso de Marcela a la batería tras su pausa por maternidad. Sobre el escenario se percibía la complicidad de una banda perfectamente engrasada, capaz de combinar la contundencia musical con una actitud cercana, reivindicativa y festiva que encontró una respuesta inmediata entre el público. La voz de Xiana volvió a ser una garantía, al frente de un conjunto que funciona como un rodillo cuando arranca y que transmite esa fuerza colectiva que lo ha convertido en uno de los referentes de la música gallega.

El concierto fue también una nueva oportunidad para reivindicar el universo de Lovismo y esa manera tan propia de A Banda da Loba de hablar de los afectos, las relaciones y las distintas formas de amar sin renunciar a la celebración ni a la mirada crítica. La conexión con los asistentes se mantuvo durante una actuación en la que la energía de las canciones y la personalidad de sus integrantes fueron de la mano.
El rojo tuvo un protagonismo especial en la puesta en escena, envolviendo el escenario y convirtiéndose en el hilo visual de una actuación que parecía extenderse más allá de las tablas para alcanzar a todos los que llenaban el recinto. Un hilo rojo que, en Boimorto, terminó por unir a la banda y al público en una misma celebración. A Banda da Loba se despedía así dejando una imagen poderosa: la de una formación que sigue creciendo sin perder sus raíces, su identidad colectiva ni las ganas de convertir cada concierto en una experiencia compartida.

Dorian fue la última banda en incorporarse al cartel del Festival da Luz y también la encargada de poner el punto final a tres días de música en Boimorto. Su incorporación de última hora, tras la cancelación de Pablo Alborán, terminó convirtiéndose en una de las claves de una despedida que el público parecía resistirse a aceptar. Muchos de los asistentes seguían aferrados a un recinto que, durante tres jornadas, les había regalado música, encuentros y momentos difíciles de olvidar.
La banda barcelonesa liderada por Marc Gili y Belly Hernández encontró (como siempre en Galicia) una enorme complicidad con los asistentes, fruto tanto de la entrega de los músicos como de ese equilibrio entre celebración y nostalgia que define buena parte de su repertorio. Dorian lleva años construyendo un lugar propio dentro del indie estatal gracias a su particular combinación de guitarras, sintetizadores y bases electrónicas, una fórmula capaz de transformar sus canciones en himnos generacionales sin perder su vocación bailable.

El concierto fue un recorrido por distintas etapas de su trayectoria, alternando clásicos que el público hizo suyos hace años con canciones que mantienen vivo su sonido. «La tormenta de arena», «Cualquier otra parte», «Verte amanecer» y «El temblor» fueron algunos de los temas que resonaron en Boimorto, coreados por una audiencia que respondió con la misma intensidad con la que la banda se entregaba sobre el escenario. Canciones que han acompañado a varias generaciones y que, en directo, siguen funcionando como puntos de encuentro entre la memoria y el presente.
Con Dorian, el Festival da Luz se despidió mirando hacia delante, pero también repasando todo lo vivido durante el fin de semana. La energía electrónica del grupo y la respuesta de un público que no quería marcharse prolongaron la celebración hasta el último momento. Después de tres días, tocaba regresar a casa, pero nadie parecía tener demasiada prisa por hacerlo. La última canción no solo cerraba un concierto: marcaba el final de una edición que, una vez más, había convertido la finca de Boimorto en un lugar de encuentro alrededor de la música y la solidaridad.

Y todo esto solo desde lo musical. Lo gastronómico, lo festivo, lo deportivo, lo infantil y lo visual es otra parte de la experiencia, una a la que te invitamos a que descubras por tu cuenta (si no la has vivido ya), en una experiencia totalmente familiar, apta para todos los bolsillos, con un fondo solidario y en la que esperamos verte en 2026