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Kenny “Blues Boss” Wayne e a súa banda continúan unha xira por España con moito blues: a parada na Sala Capitol de Santiago de Compostela que impidió que sus fanáticos se quedasen en el sitio y no bailasen.

Foto: Lucas Pérez (@gargoglas) Crónica: Lucas Pérez

Este pasado domingo 13 de septiembre en la Sala Capitol de Santiago de Compostela, gracias a Salán Producciones, se llevaría a cabo uno de los conciertos más movidos de este mes en Galicia. Fanáticos espectadores de la gran leyenda viva del blues y el boogie-woogie que estaban moviendo las caderas y la cabeza al ritmo de su banda y su gran maestría al piano.


Kenny “Blues Boss” Wayne comenzaría su concierto con una gala cuanto menos llamativa. Sus trajes, que nunca dejan de impresionar, no se comparaban con este reluciente traje de color amarillo fosforito que haría la función de arropar al cantante y pianista, a la vez que el escenario con una chispa de color que te hipnotizaba. Todo comenzaría con su canción “Ooh Yeah!” de su último disco homónimo de 2024, con el que establecería un listón el cual no bajaría a lo largo de todo el concierto. Cualquiera persona que escuchase a él, al piano y a sus integrantes: Russell Jackson, bajo, Heggy Vezzano, guitarra; y Joey DiMarco, batería, quedarían hipnotizados por su estilo y química entre ellos.


Mientras avanzaba el concierto, se escuchaban numerosas otras canciones “Honey, Honey, Honey”, “I Need Your Lovin’”, “Devil Woman” que siempre iban acompañadas de un constante mover de los pies y gran ambiente para disfrutar tanto la música en directo como el momento. Un domingo que no se sentía domingo sino un descanso del día a día para dejarse llevar por un ritmo inolvidable.


Wayne, promocionaría su nuevo álbum en físico, vendiéndolo en CD para el público justo después del concierto. Firmaba sin cansancio a todas las personas que se lo pedían, y sobre todo le gustaba hablar cercanamente con ellos. En su concierto ya se notaba una proximidad que hacía que el propio Wayne y sus compañeros se animasen a bailar con el público y, sobre todo, disfrutar la música al máximo que salía de sus manos.


Realmente, no constaba de un “río del no-retorno” como el nombre de su canción “River of No Return”, los oyentes, con cada canción pedían más y no se cansaban, sino que tenían más y más ganas de seguir escuchándolos, se preguntaban: “Watcha Gonna Do Now?”. La puesta en escena acompañaba, su disposición sencilla y abiertamente interactiva entre todos ellos hacía de un conciertosobre un palco a distinta altura que se sintiese como cualquier bar en el que podrías escuchar a unas leyendas vivas tocar de sus mejor manera posible.


Con todo, la única pega que se le podría poner a este concierto sería la duración, la gente no hacía más que querer más y más!

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