La segunda jornada del Río Verbena Fest comenzó bajo un sol de justicia. A las seis y cuarto de la tarde, la explanada del Recinto Ferial de Pontevedra todavía tenía muchas zonas de sombra ocupadas por un público que buscaba resguardarse del calor. Desde lejos podía dar la sensación de que había menos gente de la que realmente había, pero bastaba acercarse al escenario para comprobar que la respuesta estaba siendo bastante mayor.

Los encargados de abrir la jornada fueron French Riviera, el proyecto de pop electrónico y estética ochentera de David Fermoselle, músico gallego con trayectoria como saxofonista y teclista en bandas como Belöp o Villanueva. En formato dúo, acompañado únicamente por un guitarrista, fue desgranando una propuesta inspirada en los sintetizadores y las sonoridades de los años 80, con el funk, el disco y el italo disco como algunos de sus principales ingredientes. Puro funk gallego con una buena dosis de fantasías nocturnas, aunque fueran las seis de la tarde y el sol apretase de lo lindo.
Buena parte del repertorio estuvo dedicado a Caliente!, su segundo álbum, publicado en 2025 y reconocido con el Premio Maketón de LOS40 Vigo al Mejor Disco del Año. Sonaron temas como «Sábado Noite», «Tango & Cash» y «Rías Baixas», esta última acompañada incluso por un brindis con vino de la zona, un detalle que terminó de conectar la propuesta de French Riviera con el territorio en el que estaba tocando.

A las 19:00 h llegaba el turno de Yoly Saa, encargada de inaugurar el escenario Xacobeo. La sombra proyectada por la propia estructura del escenario hizo que se congregase una generosa cantidad de público para acompañar a la cantautora pontevedresa, que jugaba en casa y que ofreció un directo cargado de emotividad y cercanía.
Acompañada por su banda, Yoly Saa repasó buena parte de una trayectoria que comenzó en Pontevedra antes de trasladarse a Madrid y que la ha llevado a consolidarse como una de las voces y compositoras gallegas con mayor proyección. El repertorio dejó espacio para varios de sus temas más conocidos, como «Todo por los aires», «Mi peor versión», «SN 2020Z», «Quién lo diría», «Tirano» o «El apagón».

Pero si hubo un momento especialmente emotivo fue cuando llegó «Como mamá no hay nadie». Yoly Saa quiso dedicársela a su progenitora, que se encontraba entre el público, y aprovechó para pedir un aplauso colectivo para todas las madres. También hubo espacio para hacer participar a los asistentes. En «Galicia» dejó durante un fragmento que fueran ellos quienes llevasen la canción a capela, sin ningún acompañamiento instrumental, mientras que en temas más rítmicos como «Ya no volverás» consiguió que la explanada acompañase con palmas. El concierto terminó con «Cuando menos lo esperabas», dejando esa sensación de cercanía que probablemente tuvo mucho que ver con el hecho de estar jugando en casa.

Con el sol perdiendo algo de fuerza, aunque todavía muy presente sobre el escenario La Gramola, a las 20:00 h llegaba el turno de Los Acebos. La banda asturiana se presentaba en Pontevedra en un momento especialmente importante de su trayectoria, con el lanzamiento de 23, su primer álbum de estudio bajo el sello Esmerarte, previsto para el 11 de septiembre. El disco recoge buena parte del camino recorrido desde que el proyecto de Alberto Rodríguez Carrasco, Berto, comenzase a tomar forma en 2023.
Su paso por el Río Verbena sirvió para comprobar cómo aquellas primeras canciones siguen creciendo sobre el escenario. Los Acebos defendieron un indie-rock de guitarras crudas y mucha intensidad, alternando la pegada de los riffs con momentos más contenidos y unas letras que hablan de juventud, de la rutina laboral, de perseguir los sueños y de esa necesidad de exprimir la vida antes de que se nos escape.
Berto, voz y principal compositor, lleva claramente el peso de una formación que ha ido ganando presencia dentro de la escena indie. Tras el EP Esclavos de la Intensidad, la banda afronta ahora una nueva etapa con 23, un trabajo que reivindica precisamente mantener vivos los sueños y no dejarse atrapar por una rutina que no queremos. En Pontevedra dejaron claro que todavía tienen mucho que decir.

A las 20:45 h llegaba uno de los momentos más esperados de la jornada. Poco se puede decir ya de Carlos Ares que no se haya dicho, ni tampoco de la auténtica bandaza que lo acompaña directo tras directo, con nombres como Begut, Marcos Cao, Micaela, Carlos y Sergio Delgado y Antonio Tamargo. El escenario Xacobeo estaba completamente lleno y el público se entregó desde el primer momento a un artista que se ha convertido en uno de los nombres con más peso dentro de la escena gallega en lengua castellana.
No es casualidad que Carlos Ares sea uno de esos nombres que aparecen una y otra vez cuando se pregunta a otros músicos por artistas a los que seguir o recomendar. Tampoco sorprende que sean muchos los que quieran compartir escenario con él. Su forma de entender la música y, sobre todo, la manera en la que la lleva al directo hacen que su propuesta haya trascendido ya mucho más allá de sus propias canciones.

El repertorio tuvo como protagonista La boca del lobo, el álbum que ha terminado de confirmar el crecimiento de un artista que vive uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Pero el gran momento llegaría de forma inesperada. Fito Robles, vocalista de Siloé, se subió al escenario para compartir con la banda «Días de perros». Una colaboración que no estaba anunciada y que terminó siendo una de las grandes sorpresas del festival. Y lo curioso es que, terminado el tema, Fito volvió a mezclarse entre el público para continuar disfrutando del concierto como uno más.
Quizá ahí esté una de las claves de Carlos Ares. En un momento en el que el éxito puede hacer que un artista se aleje rápidamente de lo que era cuando empezó, él sigue manteniendo los pies en el suelo y una cercanía que se aprecia tanto sobre el escenario como cuando termina de tocar y se acerca a sus seguidores. Algo que pudimos comprobar también la noche anterior en Portonovo, cuando se incorporó por sorpresa a un grupo que estaba versionando sus canciones.

Seguíamos hablando de ascensos meteóricos y de artistas orgullosos de su tierra y de sus raíces. A las 21:45 h, Sanguijuelas del Guadiana llenaban el escenario La Gramola con un directo que encajaba perfectamente con el espíritu de un festival que también apuesta por descubrir propuestas diferentes. La banda extremeña llegaba a Pontevedra después de un año en el que su nombre ha aparecido en multitud de carteles por todo el país, impulsada especialmente por un directo que no deja indiferente y por su primer álbum, Revolá, publicado en 2025.
El escenario estaba convertido en la encarnación de un pequeño pueblo de la España vaciada. Sobre una de las fachadas, un detalle nos llamó especialmente la atención: el típico cartel de «Se vende», pero cambiado por un contundente «Se vendía». No se puede decir mucho más con menos. Una imagen que resumía perfectamente parte del mensaje de una banda que habla de la vida en los pueblos, de las raíces, de la despoblación y también de la necesidad de marcharse para buscar un futuro, pero sin renunciar nunca al lugar del que se viene.

El repertorio estuvo centrado en Revolá, un disco que funciona casi como una línea del tiempo de la vida de sus integrantes, desde los veranos de la infancia hasta la adolescencia y ese momento en el que toca decidir entre quedarse o marcharse. Musicalmente, Sanguijuelas del Guadiana hacen difícil ponerles una etiqueta: rock, flamenco, electrónica, música urbana, funk o incluso jotas extremeñas conviven con una naturalidad que se ha convertido en una de sus principales señas de identidad.
«100 amapolas» fue uno de los primeros momentos de conexión con el público, mientras que con «Revolá» consiguieron poner a saltar a buena parte de La Gramola. También hubo espacio para recordar a uno de sus grandes referentes con «Nada que perder», de Robe Iniesta, a quien homenajearon antes de brindar por él.

Durante «Jaribe», Juan Grande abandonó el escenario para mezclarse con el público y participar en el pogo, una imagen que resume bastante bien la manera que tiene la banda de entender sus conciertos: no existe una frontera demasiado clara entre quienes están arriba y quienes están abajo. Y tras continuar repasando su álbum, llegaron «Mirando por los míos» y «Llevadme a mi Extremadura», convertida ya en uno de esos temas imprescindibles de su repertorio y en una auténtica declaración de amor a su tierra.
Antes de marcharse todavía hubo tiempo para adelantar que ya están trabajando en nueva música y para presentar algún tema inédito. Sanguijuelas del Guadiana abandonaban así La Gramola dejando claro que lo suyo no es únicamente recuperar las raíces, sino llevarlas hacia adelante sin perder por el camino aquello que las hace reconocibles.

Y entonces llegó Love of Lesbian. Probablemente uno de los momentos más emotivos y significativos de todo el fin de semana e incluso del verano gallego. Al celebrarse el sábado 22 de agosto, la actuación tenía además un componente especial: era el último concierto de la banda en Galicia antes del parón indefinido de los escenarios anunciado meses atrás. Una circunstancia que hacía inevitable afrontar el concierto de otra manera.
Los hemos visto muchas veces y Love of Lesbian es, además, uno de nuestros grupos preferidos. Por eso no sabemos hasta qué punto influyó la nostalgia del momento, pero probablemente fue la vez que más nos han gustado. La perfección absoluta y, posiblemente, la mejor actuación que les recordamos de una banda a la que, sinceramente, nunca le hemos visto un mal concierto. Pontevedra respondió llenando completamente el recinto y cantando a pleno pulmón buena parte de sus grandes himnos.

El concierto arrancó con «Ejército de salvación» y continuó con «Cuando no me ves», «Bajo el volcán», «Contradicción» y «1999/Por qué te vas». Después llegaron «¿Qué vas a saber?» e «I.M.T. (Incapacidad moral transitoria)», antes de uno de los momentos más curiosos de la noche durante «Algunas plantas». La canción tuvo que detenerse por la indisposición de una persona entre el público y posteriormente fue repetida desde el principio una vez atendida la situación.
Superado el susto, el concierto continuó con «La Champions y el Mundial», «Me amo», «Incendios de nieve» y «La hermandad», para entrar ya en una recta final de auténticos himnos con «Allí donde solíamos gritar», «Los toros en la Wii (Fantástico)» y «Los irrompibles». Y entonces llegó «Club de fans de John Boy», con todo el recinto cantando a pleno pulmón para poner el broche a un concierto que, por muchas veces que hayamos visto a Love of Lesbian, esta vez nos pareció especialmente especial.

Sin pausa, León Benavente tomó el escenario La Gramola. La banda liderada por Abraham Boba demostró una vez más su solidez dentro del indie-rock nacional y fue fiel a su fama de gran banda de directo, combinando con fluidez el post-punk, el synth-pop y el art-rock, con bases electrónicas muy cuidadas y guitarras afiladas. El público, completamente entregado, coreó con entusiasmo cada uno de los temas.
Sonaron algunos de sus grandes clásicos, como «Ánimo, valiente», «Ser brigada» y «Ayer salí», junto a canciones más recientes como «En el festín» y «La aventura». Boba volvió a asumir el papel de líder con esa presencia escénica magnética, intensa y sobria al mismo tiempo, entre el canto y la declamación de unas letras ácidas y poéticas que siguen conectando con el público con una facilidad sorprendente.

Entre los músicos que lo acompañaban, Eduardo Baos, Luis Rodríguez y César Verdú, había además una incorporación que no pasó desapercibida: Martí Perarnau. El músico y productor, conocido también por su estrecha colaboración con Zahara y por formar parte de _juno junto a ella, se sumó a la formación en esta etapa de León Benavente, aportando su experiencia como teclista, productor y músico de directo. Su presencia encajó perfectamente en ese sonido cada vez más abierto a la electrónica que la banda viene desarrollando en sus últimos trabajos.
León Benavente se marchó del escenario La Gramola dejando la sensación de haber pasado por allí una de esas bandas que, independientemente del tamaño del escenario o del festival, saben exactamente cómo hacer funcionar un directo.

Xoel López fue el último nombre en incorporarse al cartel del Río Verbena Fest y también el último en abandonar el escenario principal de esta edición de 2026. A la 1:15 de la madrugada tomó el escenario Xacobeo, envuelto en luces tenues de tonos azulados y rojizos. Quizá el horario no era el más habitual para un artista acostumbrado a otros momentos de la noche, pero eso no impidió que ofreciese un directo vibrante, orgánico y cargado, como es habitual en él, de una profunda conexión emocional con el público.
Xoel se movió con naturalidad entre el folk, el pop de autor y los ritmos latinoamericanos, recorriendo distintas etapas de una trayectoria que ya suma décadas. Hubo espacio para algunos de los himnos imprescindibles de su carrera en solitario y también para algún guiño a su pasado al frente de Deluxe, pero el protagonismo recayó especialmente en Oniria Popular, su reciente trabajo, del que llegaron canciones como «Cupido (Muerte al amor romántico)» y «Sombras chinas».

La sorpresa de la noche llegó cuando invitó al escenario a Calequi y Las Panteras para compartir «Monstruo final». La colaboración añadió todavía más color a un concierto que, pese al horario y a llevar a esas alturas muchas horas de festival a las espaldas, consiguió mantener al público enganchado hasta el final.
Y nosotros, tal y como habíamos hecho la jornada anterior, abandonamos el recinto bajo la compañía de la música con sello DJ. Esta vez fue Sergio El Indio DJ quien amenizó nuestras conversaciones y nuestros pasos camino del vehículo, poniendo banda sonora a una noche que, una vez más, volvió a ser perfecta.
