Y llegó el momento de Airbourne tras un cambio de bandas frenético. Con la intro de «Ready to Rock«, Ryan O’Keeffe se asentó en la batería para dar comienzo a un show que un servidor no olvidará en su vida. En el segundo tema, ya un tiro a la yugular con «Too Fast, Too Much, Too Young«, ese tema que los consagró en 2007 y que suena a AC/DC más que los propios AC/DC. «Back in the Game» sonó mientras los técnicos intentaban solucionar los fallos en los altavoces frontales del lado izquierdo (derecho para el público). «Burnout the Nitro» hizo honor a su título para que pudiésemos disfrutar de la velocidad y consistencia a las cuerdas de esa dupla que forman Justin Street y Brett Tyrrell, siempre en segundo plano pero siempre ahí. A partir de ese momento, el ESPECTÁCULO de Joel O’Keeffe, el carismático hermano mayor, que en «Girls in Black» se pone a lomos de un pipa y se pone a cabalgar tocando su guitarra entre el público para pausarse en mitad de este y reventar una lata roja de cerveza contra su cabeza, regando al personal y trayendo una lluvia empapada en alcohol a Santiago, mientras el público estallaba en una orgía de diversión. «Breaking Outta Hell«, el tema de 2016 que daba nombre a su cuarto trabajo, fue el siguiente elegido para continuar la fiesta con un Joel ya totalmente desatado que se daba baños constantes de cerveza y cuya melena salpicaba salvajemente al compás de la música. Parón para sacar un minibar con homenaje a Lemmy y Motörhead incluido, y nuestro showman favorito vacía un Jack Daniels entero en cuatro vasos que, regados con cola, recibirán cuatro afortunados espectadores (entre ellos nuestro compañero) y que pasarán de mano en mano de padres a hijos (muchos) y de hermanos del Rock a hermanos del Rock. Turno para «It’s All For Rock N Roll» (el tema que cerraba el trabajo anteriormente mencionado y que daba título a su documental oficial) y cierre en falso de la fiesta previo a los bises con «Stand Up For Rock N Roll«, poniendo a toda la Capitol agachada y levantándola al grito de “Levántate para el Rock And Roll”.
Para el retorno a los escenarios, el hermano pequeño, Ryan, apareció en escena para poner a girar una vieja alarma de la Segunda Guerra Mundial que, entre penumbras, puso al público en pie al saber que era el turno de «Live It Up«. A partir de este momento, 10 minutos de locura que pasarán a la historia de la Capitol y que permanecerán imborrables en los espectadores y el equipo de limpieza de la sala. Joel comenzó el tema de rodillas con un solo de guitarra, dándole tiempo a la banda a colocarse y a su hermano a coger las batutas para sonar demoledores. En mitad del tema, decidió pedirle al público que se comportara como pequeños Castellers para suministrarle cañas de cerveza desde el escenario, primero a las filas delanteras, pronto al fondo del escenario e incluso al anfiteatro, y lo consiguió con un porcentaje de precisión que firmaría el mismísimo Stephen Curry para sus Warriors, con un público que coreaba cada recepción como si de un touchdown se tratase. Terminaron el tema cantando el Alirón (oe, oe, oe…) en un ejercicio de catarsis colectiva previo a la despedida (no podía ser de otra manera) con «Running Wild«, que los catapultó a la fama hace 16 años, cuando todos quedamos impactados viendo un video musical en el que la banda daba un concierto en un tráiler conducido por Lemmy Kilmister, mientras las noticias daban cuenta de cómo la policía de Los Ángeles los perseguía por carretera y aire. Un Lemmy siempre tan presente y que justificaba el porqué de Asomvel como los elegidos, y un temazo para cerrar una noche perfecta en Santiago (para todos, menos para los limpiadores de la Sala).





