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Revenidas 2026: un viernes de mestizaje, punk y resistencia en Vilaxoán.

La segunda jornada de Revenidas arrancó en Vilaxoán con una programación que, desde primera hora de la tarde hasta bien entrada la madrugada, fue alternando reggae, mestizaje, punk, rap y metal. Una sucesión de conciertos que convirtió el recinto en un punto de encuentro para distintas generaciones y sensibilidades musicales, con las colaboraciones, las reivindicaciones y las ganas de fiesta como denominadores comunes de un viernes especialmente variado.

La artista barcelonesa Matah fue la encargada de abrir los conciertos del viernes. A las 17:40 horas subió al escenario Vibra Mahou para desplegar su potente propuesta underground y presentar Sound, su primer trabajo en solitario. La cantante regresaba a Revenidas después de participar en la edición anterior como parte del elenco que acompañó a Fermín Muguruza, aunque esta vez lo hacía al frente de su propio proyecto.

Matah inició su trayectoria liderando durante una década a La Kinky Beat, reconocida formación de fusión que dejó huella en la escena alternativa barcelonesa. Con unas raíces musicales marcadas por el punk, la electrónica y el jazz, fue orientando progresivamente su camino hacia la cultura reggae y el universo del sound system, sin perder la actitud rebelde que ha acompañado su recorrido por proyectos como The Kinky Beat y Women Soldier.

Su propuesta, construida alrededor del rub-a-dub y los ritmos jamaicanos, invitó a dejarse llevar por el movimiento desde primera hora de la tarde. A lo largo de la actuación combinó canciones de Sound con sencillos y colaboraciones vinculados a su trayectoria, alternando potencia vocal y pasajes de marcado carácter rítmico con momentos de conexión con el público. La sorpresa saló cuando la gallega High Paw subió al escenario para enfrentarse a Matah en un bonito duelo de improvisación. Una apertura que puso el acento en el baile y en la cultura sound system, dando el pistoletazo de salida a una jornada que todavía tenía mucho que ofrecer.

Dakidarría jugó en casa y volvió a demostrar por qué es uno de los pilares indispensables de Revenidas y del panorama alternativo gallego. Habituales del festival, donde grabaron su disco-libro XX En Directo, los de Val Miñor saltaron al escenario Galicia Calidade dispuestos a convertir el recinto portuario de Vilaxoán en una auténtica fiesta colectiva. Desde los primeros acordes, consiguieron que miles de personas saltasen al unísono, en una demostración de complicidad entre la banda y un público que conoce bien sus canciones.

Uno de los momentos más coreados y memorables llegó con Pobo de Artistas, que contó con la presencia sobre el escenario de Xiana Lastra, de A Banda da Loba, High Paw y La Yaya DJ. La colaboración desató la euforia colectiva y convirtió el tema en un auténtico himno de resistencia cultural, reivindicando la fuerza y la diversidad de la escena musical gallega. High Paw volvió a compartir escenario con la banda durante Seguimos en Pe, sumando otra dosis de energía a un directo en el que las colaboraciones tuvieron un protagonismo especial.

Tampoco faltaron dos de los ingredientes que forman parte del imaginario de sus conciertos: la habitual dosis de fuego y el ya clásico paseo en barca por encima del público. Eso sí, esta vez hubo un cambio de protagonista, ya que la persona del equipo técnico que se embarcó en la aventura fue un miembro del staff en lugar de Paula. Una nueva demostración de que, en Revenidas, Dakidarría no necesita presentación: juega en casa y el público responde como si cada concierto fuese una celebración compartida de la música hecha en Galicia.

The Salsa Punk Orkestra era, a priori, uno de los nombres más desconocidos del festival, pero terminó convirtiéndose en una de las sorpresas más agradables de la jornada. La banda barcelonesa pasó por su particular batidora tropical algunos de los grandes himnos del punk y del rock radical, rescatando canciones asociadas a formaciones como Eskorbuto, Ramones, The Clash, Cicatriz o Kortatu para transformarlas en ritmos latinos que invitaban tanto al pogo como al baile.

Vestidos con trajes negros y corbatas fucsias, saltaron al escenario con una imagen tan elegante como irreverente, acompañada de una actitud combativa que pronto encontró respuesta entre el público. Al frente de la formación se encontraba el cantante y percusionista venezolano Lenin «Güiroloco» Jiménez, cuya energía no se limitó a las tablas, ya que posteriormente pudimos verlo participar asiduamente en los pogos que se formaron durante el festival. Una actitud que encajaba a la perfección con el espíritu de una banda que entiende la música como una celebración compartida, sin barreras entre quienes están sobre el escenario y quienes disfrutan desde abajo.

Su propuesta demostraba que la rabia y el espíritu contestatario del punk pueden sobrevivir a cualquier cambio de ritmo, incluso cuando las guitarras ceden parte del protagonismo a los sonidos tropicales y las ganas de bailar se imponen sin renunciar a la esencia de las canciones originales. El resultado fue un concierto marcadamente comunitario, en el que la complicidad, la colaboración y la juerga colectiva se convirtieron en protagonistas. Lo que inicialmente podía parecer una propuesta curiosa acabó funcionando como una fiesta continua, capaz de reunir bajo un mismo ritmo a quienes reconocían los clásicos desde su versión original y a quienes simplemente se dejaron arrastrar por la energía de la banda. Una de esas sorpresas que justifican llegar a un festival sin prejuicios y con los oídos abiertos.

Evaristo, el de Tui, llegó a Revenidas inmerso en una gira antológica muy especial, concebida como un recorrido por las distintas etapas de una trayectoria que supera ya las cuatro décadas. Lejos de centrarse en una única formación, el cantante repasó algunos de los temas más emblemáticos de su carrera, recuperando canciones de La Polla Records, The Kagas, The Meas, Gatillazo y Tropa do Carallo. Un repertorio de más de treinta temas que convirtió el concierto en un auténtico viaje por la historia del punk estatal.

A sus 65 años, Evaristo volvió a demostrar una energía incansable sobre el escenario, manteniendo intacta esa forma directa y sin concesiones de interpretar canciones cargadas de crítica social y política. El recinto portuario de Vilaxoán, completamente abarrotado, reunió a varias generaciones de seguidores: quienes crecieron con los himnos que marcaron los años ochenta y noventa y quienes han descubierto posteriormente en aquellas canciones una forma de entender y cuestionar la realidad. Una comunión generacional que encajó a la perfección con el espíritu de Revenidas, convertido una vez más en espacio de resistencia y memoria musical.

Entre los numerosos momentos que dejó el concierto destacó una anécdota con marcado acento local. Julen, líder de la banda vilaxoánesa The Eskarallas, saltó desde el público al escenario para acompañar a Evaristo durante Los Siete Enanitos, el mítico tema de La Polla Records. Una aparición espontánea que añadió cercanía y emoción a una actuación ya de por sí cargada de significado, conectando la historia de una de las voces fundamentales del punk estatal con la escena musical de la propia localidad anfitriona.

Más de treinta canciones (casi 40), décadas de historia, una banda que reversiona el punk a hardcore capitaneada por Abel Murua al bajo con Alberto Salgado a la guitarra y Tripi a la batería y un público entregado hasta el final hicieron del paso de Evaristo por Revenidas uno de los grandes acontecimientos de la jornada. Eficaz, contundente y polémico como siempre, el show de Evaristo & friends fue una ametralladora que no defraudó a nadie.

Criado en la provincia argentina de Misiones y con un espíritu artístico que guarda ciertos paralelismos con el de Manu Chao, Ilan Amores llegó a Revenidas acompañado solamente de un dj y de su guitarra clásica para aportar una nueva dosis de mestizaje a la noche. Multiinstrumentista y compositor, formó parte de la banda de punk Argies como bajista antes de emprender su camino en solitario, una trayectoria en la que ha ido construyendo una identidad propia a partir de la mezcla de estilos y de una marcada personalidad autoral.

Considerado uno de los nombres emergentes de la cumbia alternativa argentina, también conocida como cumbia-punk, Amores desplegó una propuesta que combina ritmos latinoamericanos, pop, rock y bases electrónicas, sin perder la esencia de la canción de autor. Una fórmula que se mueve entre la tradición y la experimentación, con melodías reconocibles y una actitud alternativa que conecta con el espíritu mestizo de Revenidas.

Su álbum Caballo Negro, publicado en 2024, supuso un importante impulso para su proyección internacional y consolidó una propuesta musical difícil de encasillar en un único género. En Vilaxoán, su actuación aportó una perspectiva diferente a la sucesión de conciertos de la jornada, invitando a bailar desde una combinación de ritmos y sonidos que demuestra que la cumbia también puede convivir con el espíritu inconformista del punk.

Bob Vylan era probablemente la propuesta internacional más singular de la noche. El dúo británico, originario de la escena londinense y formado por Bobby Vylan al micrófono y Bobbie Vylan a la batería, combina punk, rap y grime en una fórmula de enorme contundencia sonora. Una propuesta que aprovecha al máximo su formato reducido, con ritmos demoledores, una interpretación vocal cercana al rap y letras cargadas de contenido político y social.

Su paso por Revenidas suponía una oportunidad especial para disfrutar de su directo en Galicia, aunque algunos ya habíamos tenido la suerte de verlos en el Resurrection Fest de Viveiro en 2024. En Vilaxoán volvieron a demostrar por qué se han convertido en uno de los nombres más llamativos de la nueva escena punk británica, con una descarga de adrenalina en la que la intensidad y la profesionalidad estuvieron presentes de principio a fin.

La actuación llegaba, además, precedida por la enorme polémica que había rodeado al grupo tras su paso por Glastonbury en junio de 2025, cuando Bobby Vylan encabezó cánticos contra las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF en inglés). Aquello desencadenó una investigación policial en el Reino Unido, la revocación de sus visados estadounidenses y la cancelación de distintos conciertos y compromisos profesionales. La investigación británica concluyó en diciembre de 2025 sin nuevas actuaciones judiciales por falta de pruebas suficientes para una perspectiva realista de condena.

En Vilaxoán, ambos músicos actuaron con la camiseta oficial de Revenidas, cuyos colores incorporaban la bandera palestina, un detalle especialmente significativo en el contexto de su trayectoria reivindicativa y de la controversia que había acompañado al dúo durante el último año. Su presencia en el escenario mantuvo intacta la contundencia que caracteriza sus conciertos, combinando la urgencia del punk con la cadencia del hip-hop y una actitud escénica que no concede tregua.

Si hubo algo que echamos de menos al compararlos con su actuación en Viveiro fue la interacción física con el público: esta vez no se lanzaron sobre la multitud. Quizá influyera la prudencia, aunque no podemos asegurarlo. En cualquier caso, esa ausencia no restó intensidad a un concierto que mantuvo la adrenalina al máximo y confirmó que Bob Vylan es mucho más que una propuesta llamativa sobre el papel: es un dúo capaz de convertir un escenario en una auténtica descarga de energía.

La Sra. Tomasa tomó el relevo a las 01:20 horas en el escenario Vibra Mahou para protagonizar uno de los conciertos con mayor carga emocional de la noche. La banda barcelonesa llegaba a Vilaxoán para despedirse de los escenarios gallegos antes de la anunciada disolución y el cese de su actividad, poniendo punto y aparte a más de doce años de trayectoria. Una despedida que convertía su paso por Revenidas en una ocasión especial para disfrutar de una de las propuestas más personales y explosivas de la escena mestiza estatal.

Los siete músicos desplegaron su característica combinación de electrónica, ritmos latinos, reggae, hip-hop y funk, demostrando por qué sus directos se han convertido en auténticas celebraciones colectivas. Desde los primeros compases, el escenario se transformó en un hervidero de actividad, con una banda que derrochó una intensidad física contagiosa y trasladó de inmediato su energía al público. El baile fue frenético y desenfrenado, en una sucesión de ritmos y estilos que invitaba a olvidarse del reloj y dejarse llevar por el movimiento.

La fusión de instrumentos, bases electrónicas y percusiones, junto con la entrega de los músicos, mantuvo la intensidad durante una actuación muy celebrada por los asistentes. La Sra. Tomasa volvió a demostrar su capacidad para derribar fronteras entre géneros y convertir el escenario en un espacio de encuentro donde la música se vive con todo el cuerpo.

Con la madrugada ya avanzada, su concierto tuvo algo más que una dimensión festiva: era también la oportunidad de compartir una última celebración gallega con una banda que había construido su identidad alrededor de la mezcla, la experimentación y la conexión directa con el público. Revenidas se convirtió así en el escenario de una despedida que, lejos de quedarse en la nostalgia, se vivió bailando hasta el final.

Nosotros pusimos el punto final a nuestra jornada en Revenidas con Arrhythmia, la banda gallega de metalcore formada por Alberto Busto Pardo, Alejandro Maciñeiras, Álvaro L. Barreiro y Víctor Tarela, que llegaba a Vilaxoán para presentar su nuevo EP, CERØ. Una manera de cerrar la noche cambiando por completo de registro y adentrándonos en los terrenos más contundentes de la programación.

La propuesta de Arrhythmia destaca por una mezcla de metal, electrónica, rap y rock duro que encuentra en la intensidad su principal seña de identidad. Las guitarras pesadas conviven con bases electrónicas y ritmos marcados, mientras las voces en gallego aportan personalidad a un sonido que no necesita renunciar a la contundencia para explorar otros caminos. El público respondió con total euforia y los pogos más duros de la edición, con moratones al día siguiente que serían vistos como trofeos al despertarse.

La presentación de CERØ permitió descubrir la nueva etapa en la que se encuentra la formación (con un Alberto más liberado de las cuerdas y más en el papel de frontman puro sobre el escenario), un último EP que estuvo muy presente en el setlist de 12 temas que presentaron desde el Euforia inicial hasta A Cea dos Malditos final con protagonismo también para Cristopher Nervo como invitado sorpresa sobre el escenario en Insaciables y A Forza da Razón, temas que la banda comparte con Rebeliom do Inframundo.

Con Arrhythmia cerramos nuestra segunda jornada de Revenidas después de muchas horas de música y un recorrido por propuestas tan diferentes como el reggae, el mestizaje, el punk y los sonidos más extremos. Una última descarga de energía para despedir un viernes en el que la variedad musical volvió a demostrar que en Vilaxoán hay espacio para mucho más que un solo estilo.