Una noche más regresábamos a Costa Feira, el festival que durante el mes de agosto convierte el Polígono de Nantes, en Sanxenxo, en uno de los puntos de encuentro musical del verano gallego. Un festival al que llevamos varios años acudiendo y que nos ha regalado muchas y muy buenas noches de música, descubriendo artistas, reencontrándonos con otros y disfrutando de una programación que cada verano vuelve a llenar de vida este rincón de Sanxenxo. Esta vez la cita tenía como protagonista a Taburete, aunque antes habría tiempo para descubrir dos propuestas que se encargarían de abrir la jornada.

La jornada comenzó a las 20:00 horas con Manu Llovo, joven cantautor e intérprete gallego asentado en Vigo y una de las voces emergentes del indie pop español. Su propuesta, construida alrededor de las guitarras acústicas, las letras de carácter personal y los tintes de pop melancólico, pedía un ambiente tranquilo y cercano, algo que no terminó de encontrar en el pequeño escenario donde actuó.

Demasiado próximo a los puestos de comida, el espacio estuvo condicionado durante buena parte de su actuación por el tránsito de público y el ruido ambiental. Una pena, porque el formato acústico y la intimidad de las canciones de Llovo necesitaban precisamente un entorno que permitiera prestarles mayor atención.
Comenzó con “Cuando todo se hunde” y fue repasando más de una decena de temas propios, entre ellos “El río que lleva hacia el mar”, “Miñavida”, “El galgo”, “Esmeralda”, “Donde nadie me haya visto” o “Mi Morada”. Canciones en las que mostró una personalidad propia y ese particular color de voz que, en el tramo final, nos llevaría inevitablemente a pensar en Guitarricadelafuente.
Precisamente con una versión de “Full Time Papi” puso punto final a su actuación. Una elección acertada para cerrar un concierto en el que volvió a quedar patente el parecido entre ambos intérpretes en el registro vocal, aunque Llovo transite por un camino propio.

A las 21:00 horas, ya en el escenario principal, llegaba el turno de Mi Hermano y Yo, el dúo formado por los hermanos Marcos y Jaime Soto. El recinto todavía estaba lejos de presentar el aspecto que tendría unas horas después y, de nuevo, el público prestaba menos atención de la que merecía la propuesta.
Los hermanos comenzaron jugando con la improvisación, buscando complicidad con quienes ya se encontraban frente al escenario, antes de adentrarse en sus propias canciones. “Dicen de Mí”, “La Alegría de Vivir”, “Tengo Ganas de Verte” o “Yo Me Voy Contigo” fueron algunas de las protagonistas de un repertorio que mezcla la frescura del pop con el duende y la copla del sur.

Su actuación tuvo algo de reunión entre amigos. Sin grandes artificios, fueron construyendo un ambiente cercano y festivo que terminó conquistándonos hasta el punto de que, al regresar a casa, fueron lo primero que pusimos en el coche. Una de esas pequeñas señales que dicen bastante más que cualquier valoración.
Con el recinto ya completamente lleno llegaba el turno de Taburete, que regresaba a Sanxenxo por cuarto verano consecutivo y lo hacía con todas las entradas agotadas, en una de las grandes citas de esta edición de Costa Feira.
La banda se disponía a recorrer más de diez años de trayectoria a través de un repertorio en el que convivieron canciones de diferentes etapas con los temas de su trabajo más reciente, «El perro que fuma«. Pop, rock, influencias latinas, folk y rancheras volvieron a formar parte de una fórmula que tiene en el carácter festivo una de sus principales señas de identidad.
El repertorio incluyó algunos de los temas más reconocibles del grupo, como “Sirenas”, “110”, “Amos del piano bar”, “Roto y elegante” o “Caminito a motel”, junto a canciones como “Primer intento”, “Cuando los hombres lloran” o “Belerofón”. Un recorrido por diferentes momentos de la trayectoria de Taburete que encontró una respuesta entusiasta en un público completamente entregado.

Nuestra experiencia, sin embargo, fue diferente.
La enorme afluencia terminó haciendo que nos resultase muy complicado movernos y encontrar un espacio desde el que poder disfrutar del concierto con cierta comodidad. La sensación de agobio fue creciendo hasta que decidimos comenzar a salir aproximadamente a mitad de la actuación. Entre atravesar el recinto, llegar a la salida y alcanzar el coche, todavía pudimos apreciar algunos momentos más del concierto, aunque ya desde otra perspectiva y lejos de las condiciones necesarias para vivirlo plenamente.
No es algo que nos suceda habitualmente. Después de una temporada en la que ya hemos cubierto más de 200 conciertos, estamos acostumbrados a los grandes aforos y a todo tipo de situaciones, pero esta vez la masificación terminó superándonos.
Y conviene aclararlo: no tuvo nada que ver con la atención recibida por parte del festival, que con nosotros fue en todo momento correcta y cercana. Simplemente, aquella noche la cantidad de gente terminó siendo demasiado para nosotros. Lo que para miles de personas fue una noche de fiesta y un nuevo lleno de Costa Feira, para nosotros acabó antes de tiempo.

Sí pudimos asistir a algunos de los encuentros que se produjeron sobre el escenario. Andrés Koi se sumó a Taburete para interpretar “Choque de planetas” y “5 sentidos”, mientras que Pavlenha compartió escenario con la banda en “Walter Palmeras”. Y hubo un momento especialmente curioso cuando Mi Hermano y Yo, que habían abierto la jornada unas horas antes, regresaron al escenario para cantar junto a Taburete “Vino y cemento”.
No podemos contar cómo terminó el concierto porque no estuvimos allí para verlo. Preferimos decirlo así antes que completar la crónica con lo que no vivimos en primera persona. Lo que sí podemos contar es una jornada que comenzó con la sensibilidad acústica de Manu Llovo, continuó con la frescura y el desparpajo de Mi Hermano y Yo y alcanzó con Taburete un lleno absoluto.
Una noche más de Costa Feira, de esas que dejan canciones y recuerdos diferentes para cada uno. Para nosotros, esta vez, el recuerdo terminó de camino a casa, con Mi Hermano y Yo sonando en el coche.
